Hacia un nuevo modelo de catequesis E. Alberich se pregunta: ¿Existe un futuro para la catequesis? Son las mismas preguntas que se hacen los catequistas de base, pero que recogen los estudiosos para reflexionarlas con rigor. Si es cierto que no tenemos respuestas, sí tenemos indicios que marcan la dirección de estudio que las iglesias llevan actualmente. Lo resumo así: √ Previo a la catequesis La catequesis tiene que estar enmarcada dentro de lo que en la mejor tradición eclesial ha sido el proceso de evangelización (DGC 47): anuncio del Evangelio y llamada a la conversión, catecumenado e iniciación cristiana, formación de la comunidad. La catequesis demanda una etapa previa a ella. Esta novedad es la que más esfuerzos nos pide porque no tenemos referencias cercanas de cómo organizarla y qué contenidos y métodos darla, sobre todo con niños y adolescentes. Con adultos existen más tentativas que poco a poco se van convirtiendo en experiencias en las que apoyarse. Son necesarios nuevos espacios donde la gente pueda hacerse preguntas que le lleven a la búsqueda de Dios, a despertar el sentido religioso, a revitalizar la sensibilidad por la búsqueda de la verdad o afrontar, con serena lucidez, la sospecha de una huella de presencia de Dios en el mundo y en sí mismos. Igualmente son convenientes iniciativas que susciten la pregunta religiosa desde lo no estrictamente religioso: pueden ser culturales, artísticas, de relación personal. Ofrecer tiempos largos en los que la persona tenga la posibilidad de abrirse a experiencias cristinas evocadoras de una posibilidad de vivir en cristiano, de tomar decisiones para seguir a Jesús. Así celebraciones de fechas, acontecimientos vitales pueden ser pie para caminar hacia una decisión por Jesús. Habrá que combinar el acompañamiento que tenemos generalizado en grupos, muchos de éstos demasiado homogéneos, con otros modos más personalizados, grupos más pequeños y plurales… La convocatoria para iniciar un proceso tiene que pensar no solo por anuncio tradicional en la parroquia, sino por lo ocasional (un día pasé por allí, un acontecimiento vital, un papel que había que pedir…) Todo esto implica necesariamente la figura de una persona que no es el típico catequista que conocemos. Hay que pensar en creyentes preparados que sepan estar al lado de quienes no saben lo que quieren, no saben lo que buscan… pero un día descubren una inquietud, o un vacío o «una nostalgia» de algo o de Alguien y se ponen en camino. √ La catequesis En el horizonte, aparece con claridad una catequesis que no tenga como meta ni como referentes de estructuración los sacramentos, sino la adhesión a Jesús, el Hijo de Dios. La experiencia cristiana no es reductible a una sola dimensión por muy importante que ésta sea. Hay que saber distinguir bien entre enseñanza y aprendizaje. La enseñanza privilegia el saber, la memoria, los conocimientos. El aprendizaje, junto al saber, añade un elemento, el cambio que la persona va efectuando, las capacidades que va desarrollando para vivir lo que aprende. La iniciación cristiana privilegia el aprendizaje, pone el acento en la transformación de la persona: su cuerpo, su corazón, su espíritu, su inteligencia… Una catequesis que se separe del modelo escolar que «clasifica» por edades y encasilla desde los tres años hasta la universidad por ciclos… Se pasa adelante porque se cumplen años, no tanto porque se haya madurado una manera de vivir. La fe se parece más a la experiencia de vida que se hace en familia, donde tiene su sitio tanto el niño como al abuelo. Lo que determina la catequesis no es ni los años ni el nivel escolar, sino el deseo de ser discípulo de Jesús, de conocerlo y seguirlo. Restablecimiento de los diversos pasos o momentos del tiempo de la catequesis de acuerdo con la sana tradición del catecumenado: inscripción, entregas, escrutinios… La catequesis camina cada vez más hacia una celebración conjunta de los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación, Eucaristía. No parece que tenga sentido hechos como los que hoy presenciamos: que se celebre el Bautismo casi sin relieve unos días antes de la Eucaristía y a ésta se le dé un trato desmesurado separado de la celebración bautismal. La experiencia cristiana exige el encuentro y el «roce» con creyentes que hayan personalizado la fe hasta vertebrarla en toda su vida. Es aquí donde la figura del catequista adquiere unos criterios diferentes a los que hoy utilizamos para convocar a los catequistas. Catequista es el que «hace resonar la fe» en el otro; el catequista tiene algo de profeta que anuncia la verdad que vive y que el Espíritu ha puesto en él. √ Después de la catequesis Cada vez tendremos que cuidar más que después de la catequesis no sigue el vacío. En una catequesis calcada en el sistema escolar, una vez terminada la escuela uno ya llevaba encima todo aquello que necesitaba para la vida. La misma universidad se ha dado cuenta de que esto no es verdad y ha creado la formación «post-grado» (cursos de capacitación, prácticas, master…). La comunidad cristiana tiene en su pasado una rica formación de los miembros de la comunidad que deberá potenciar. Después de la iniciación cristiana es preciso seguir ofreciendo a los miembros de la comunidad una formación permanente «para madurar constantemente su fe a lo largo de toda la vida» (DGC51). Cobra relevancia la función litúrgica, el estudio de la teología, la reflexión sobre los grandes problemas de la Humanidad… Una palabra de final Una vez pregunté en clase de «Actualización Teológica» a un misionero que pasaba un año de reciclaje después de 34 años de misión en África, cuál era el resumen al que él llegaba de su acción pastoral y misionera en una Iglesia minoritaria, circundada por religiones ancestrales y por el Islam. Lo pensó un poco y dijo: «Estar y escuchar». El grupo se quedó en silencio. Todos sentimos que allí se había dicho algo no esperado, inmensamente sencillo e inmensamente profundo. En dos palabras se había resumido todo un tratado de pastoral. Dos palabras que son dos misterios: Encamación-Cristología y el misterio de la Iglesia en el mundo. Redescubrir la acción catequética hoy nos lleva a «Estar y Escuchar», a ahondar en Cristo y a ahondar en la Iglesia. Éstas son las fuentes que nos darán el agua que necesitamos.

ALVARO GINEL